Sé que no es muy útil protestar sobre las generalizaciones. Al fin y al cabo sólo así podemos manejarnos. Pero eso del desprestigio de la clase política me tiene quemada últimamente. Cuando decía “soy médica”, todo eran enhorabuenas y parabienes. Ahora, cuando digo “soy política”, lo menos que me ponen es cara de “pobre, en la que se ha metido”.
Bueno, pues no es cierto. La clase política no es más que otro tipo de servicio público, complicado y difícil por cierto, además de sometido a la lupa, por lo que sinceramente creo que hay menos ineptos y chorizos que en otra comunidad cualquiera de la función pública.
Encima, que ahora se nos tache a todos por el mismo rasero diciendo que generamos “bronca” y “ruido”, cuando la enorme mayoría estamos dedicados a la labor por la que nos pagan: hacer política, leyes que generan nuevos derechos para los ciudadanos y que se aprueban casi todas ellas por unanimidad, me parece aún más injusto.
Pero ya vendrá la historia, porque esos derechos adquiridos serán para siempre y para todos/as.
¿Y de quién será la culpa de esa mala fama? Sin hablar de la corrupción, que realmente la hay en cualquier gremio, pienso que el “mensaje político” de hoy carece de contenido, está basado en descalificacíones e incluso insultos que ni mi modesta persona se atrevería a repetir al más incómodo de los vecinos. Se echan de menos aquellos mensajes basados en estrategias económicas, sociales, etc. para llevar a cabo los distintos proyectos políticos; donde a los ciudadanos se nos daba la posibilidad de pensar en qué estrategia nos parecía mejor antes de ir a las urnas. Hoy día, lejos de tener la posibilidad de pensar, los ciudadanos nos sentimos sumergidos entre fuertes mareas de mentiras, que van ahogando el buen concepto de la clase política. Si a esto se le suma la falta de objetividad con que transmiten nuestros periodistas … ¿qué conclusiones podemos sacar los ciudadanos?
Muy pocas y muy posiblemente todas equivocadas. Es una pena. Lo pueden sentir ustedes como clase política en la cada vez menor participación de los ciudadanos en las votaciones.
Aplaudo su valentía al reconocer la baja estima que recibe como política, pero creame, la ciudadanía está sedienta de “honestidad y dignidad política”.
Sin más, reciba mi más sincero respeto y admiración.