Al margen de la depredación de los espacios naturales, el urbanismo comete algunos otros pecados, para mí, capitales. Por ejemplo cuando un espacio público amable, acogedor y útil se convierte en un lugar hostil, árido de sentimientos y sin alma.
A veces se debe simplemente al copiado de estructuras físicas que se adaptan y son bellas en latitudes totalmente diferentes a nuestro entorno, no se si por esnobismo o directamente seudoplagio. Pasa con los edificios construidos como lucernarios, entre otros el hospital Juan Ramón Jiménez, que si es muy bonito y también es funcional en cuanto a su uso, pero no se adapta a nuestra climatología como bien se vio nada mas empezar a funcionar. Era imposible mantener la temperatura adecuada con el sol inclemente entrando de plano por el techo traslúcido y las lluvias torrenciales hacían tal ruido repicando en esos cristales que era imposible entender las conversaciones. Resultado, hubo que cubrirlo. Esos lucernarios se han repetido en muchos otros edificios y repito son bellos, pero para Helsinki, no para Huelva.
Y algo parecido está pasando con las plazas urbanas, convertidas en eriales de plaquetas que reverberan al sol inclemente de nuestros veranos, sin la vegetación abundante que convenientemente regada (no, no es precisa mas agua, mas se gasta en limpiar las solerías utilizadas) proporciona la frescura, la confortabilidad y la belleza adaptada a nuestra latitud, nuestras costumbres y a nuestro agrado.
Y todo esto viene a que ayer pasé por la plaza de las monjas, por cierto otra vez destripada por los lados, nada mas terminar las elecciones municipales, y la encontré mas que vacía, yerma. Los macetones de petunias convertidos en jaramagos polvorientos, las palmeras como plumeros perdidos en lo alto medio secas y sobre eché de menos nuestos majestuosos Ficus que proporcionaban el ambiente de bosque, de gruta oscura, de verde refrescante. Solo queda uno mas pelado que un palito de helado. ¿No los quitaron para construir un parking? Pues no esta en ningún lado. ¿Porqué quitaron los arriates que daban el color y la alegría a la plaza? ¿Para qué las columnas fascio-futuristas, si antes mas que las propias farolas, la misma gente proporcionaba la seguridad y el bienestar? ![]()
Me acordé de cuando vivía en la calle Saltés, en una preciosa casa con patio y terraza, pero con un frío húmedo que solo se me quitaba sacando a mi niña a que corriera por la plaza de las monjas, mientras yo leía o charlaba en un banco. Ya no hay madres, ni niños jugando al escondite entre los brazos de los Ficus, ni viejos en los bancos a la sombra, que ahora pueden coger un golpe de calor en el erial en el que se ha convertido la plaza. Ya se que hay gustos como colores, que el tiempo cambia las cosas, pero sinceramente creo que cada remodelación de la plaza de las monjas ha sido para peor servicio a los onubenses. A mí me parece tan grave como otros desmanes urbanísticos y desde luego demuestran lo poco que se piensa en la felicidad de los ciudadanos de Huelva, porque las sucesivas remodelaciones solo han servido para ganancia del quien hiciera la obra y la foto electoral de turno. ¡Un poquito de cariño y diseño propio para Huelva por favor!