Las niñas de Huelva
Marzo 28, 2008 por Fátima Aburto
Fué en Enero también cuando “el Boca” mató a Ana María Jerez, ahora ha sido Mari Luz, ese duendecillo que durante 54 días ha bailado en nuestros televisores. Cuando fué asesinada Ana María, mis hijas aún eran adolescentes y recuerdo muy bien el miedo, contra el que tuve que luchar por la salud mental de toda la familia evidentemente. No se puede vivir con miedo, y menos obligar a los niños a que vivan en él. De los dos asesinos se ha dicho que estaban locos o que eran minusválidos psíquicos y los dos han dado muestras de chulería, sangre fría y apariencia total de normalidad.
No es fácil admitir que existe el bien y el mal en un grado tan superlativo, pero cuando matan a un niño, cuando lo maltratan, cuando nuestra sociedad falla en protegerlos, la evidencia se hace cegadora. Sí, el mal existe y es tan terrible como las terribles historias de religión contaban, solo que no es divino ni sobrentural, es aterradoramente humano. Tan humano como esa turba, ciega de ira que ayer quería linchar al asesino. ¿Por justicia? No igualmente por estar inbuida del mal, aunque en este caso sea mas comprensible.
Afortunadamente tambien existe el bien, como un bálsamo que intenta aliviar el dolor. La rectitud moral, la prudencia y la entereza del padre de Mari Luz, ese verdadero “hombre de paz” tambien es humana, tambien es nuestra. Y es el arma con la que la humanidad se enfrenta a la maldad con mas éxito. Ciertamente con mucho menor repercusión mediática, pero ahí está para quien quiera sentirla y empaparse de ella. Gracias Sr. Cortes.
Hoy, en un día muy triste, solo el recuerdo de Juan Cortes, puede levantarme el ánimo y darme fuerza para luchar con mas ímpetu en que nuestras instituciones, nuestra sociedad, nuestra justicia proteja mejor a los mas débiles, entre los que sin duda se encuentran nuestros niños.