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Archive for the ‘derechas e izquierdas’ Category

Sinceramente creo que no. Seguramente existiran mas de una batalla para ser candidato y se estarán recabando apoyos. Puede que los medios le llamen batalla a eso y comprendo a los medios que tienen una situación muy dificil (no solo por la crisis sino también por la digitalización de la información), pero no deja de ser amarillismo lo que hacen para vender un periódico. No pasa nada por fomentar la polémica, pero me gustarían que enfocaran más el debate polítco, que se está indudablemente produciendo y no está siendo enfocado. En realidad tampoco presentado por el propio partido y apenas comenzado me temo. Pero se está produciendo como es evidentemente necesaria. Por lo demás los textos de los dos manifiestos publicados y comentados en prensa son complementarios, es cierto que con énfasis en puntos diferentes, pero son perfectamtente asumibles por las mismas personas como yo misma.

http://politica.elpais.com/politica/2011/12/22/actualidad/1324586624_492363.html

http://www.muchopsoeporhacer.com/

Siempre he defendido la gestión del Pte Zapatero y seguiré haciendolo como siempre, pero no es menos cierto que a partir de ahi hay que mirar adelante y construir un nuevo proyecto que ilusione a la ciudadanían y le de no solo esperanza sino la seguiridad de que el futruo pude ser estupendo y que lo será si lo escribimos entre todos.y todas. Crero que quien mejor los explica es Perez Royo

 

Esa es la tarea apasionante que toca, extendida a toda la socialdemocracia europea y en mi opinión merece todo el esfuerzo de la gente de buena voluntad, no solo de los militantes. Es un deseo no solo navideño sino realista.

Bueno pues otra vez! Pero no nos cansaremos!!!

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El asalto al universalismo: cómo destruir el estado de bienestar.

Martin McKee1 y David Stuckler2. BMJ. 2011;343;d7973.

 

  1. Facultad de Salud pública y Política sanitaria. London School of Higiene and Tropical Medicine.

  2. Departamento de Sociología. Universidad de Cambridge.

 

 

La Navidad es un tiempo para repasar nuestros logros, pensando en los mecanismos que los hicieron posibles. Para las personas que viven en Inglaterra, esta reflexión es más relevante que nunca, ya que el gobierno de coalición allana el camino para la desaparición del Estado de bienestar. Muchos tacharan esta afirmación de imprudente alarmismo. El estado del bienestar, no sólo en Gran Bretaña, sino también en toda Europa occidental, ha demostrado ser muy resiliente ¿Cómo podría un gobierno de llevar a cabo un cambio tan fundamental?

 

Para responder a esta pregunta es necesario volver a la década de 1940,
cuando Sir William Beveridge llamó a una lucha nacional contra la
los cinco males gigantes”: la necesidad, la enfermedad, la ignorancia, la miseria y la holgazanería. Su llamada obtuvo el apoyo de todo el espectro político. A pesar de que se sentó en la Cámara de los Comunes como liberal, sus planes fueron llevados a cabo por el gobierno laborista, y continuó bajo los sucesivos gobiernos conservadores. Las razones para tal apoyo amplio fuero variadas, pero, para la gente común, el papel fundamental del Estado de bienestar era darles seguridad en un mundo que se colapsaba a su alrededor.

 

Había buenas razones para buscar seguridad. El pueblo británico
acababa de salir de una guerra que había demostrado que, independientemente de lo arriba que uno pudiera estar en la escala social, en un instante podía caer a lo más bajo. La muerte y la destrucción de la guerra  no eran
las únicas amenazas, una enfermedad seria podría destrozar las perspectivas de una familia. La gente quería estar segura de que no estarían solos si ocurriera un desastre, y estaban dispuestos a asegurarlo a través de impuestos y seguros. Estaban,
literalmente, “juntos en esto”, aceptando el racionamiento de alimentos y
combustible para garantizar que para enfrentar la austeridad, todo el mundo tenía acceso a lo esencial.

 

En la década de 1970, el filósofo John Rawls desarrolló este concepto
dentro lo que él llamó una “teoría de la justicia”. Sostuvo que una sociedad  justa era aquella diseñada como si estuviera detrás de un “velo de ignorancia
donde la clase y las fuerzas  sociales hubieran sido alejadas de la toma de decisiones políticas. Como él mismo dijo, detrás del velo, “nadie conoce su lugar
en la sociedad, su clase  o estatus social, ni nadie
conoce su fortuna en la distribución de los dones naturales y las
habilidades o su inteligencia, fuerza o similares. Argumentó Rawls
que, en tales circunstancias, los que toman decisiones crearían una
sociedad que no concedería privilegios a un grupo sobre otro, ya que nadie
puede saber dónde acabará. Esta incertidumbre acerca del futuro era una buena aproximación de lo que mucha gente había experimentado durante la guerra.

 

La situación de posguerra era muy diferente en los Estados Unidos,
por varias razones. El país emergió de la guerra con un poderoso sector empresarial, enriquecido por el gasto militar, que
podría influenciar el discurso político en torno a sus propios intereses. En la mayor parte de Europa, la industria fue devastada, y en Alemania y los
los países que había ocupado, muchas grandes empresas estaban contaminadas por sospecha de colaboración. Sin embargo, desde hacia mucho tiempo una importante diferencia fue el papel de la raza en la sociedad norteamericana. En Estados Unidos, los ricos nunca podrían caer hasta el fondo de la escala social, porque esa posición ya estaba ocupada. Los afro-americanos  se enfrentaban  a una persistente y generalizada  discriminación. No había ningún velo de la ignorancia.
Los europeos sabían que podían ir a la cama ricos y despertarse pobres,
pero un rico americano (y, por extensión, blanco) podría asegurar que nunca se despertaría negro.

 

Las consecuencias hoy en día son evidentes en todos los niveles de la sociedad estadounidense. En las encuestas domiciliarias, el apoyo al estado de bienestar por parte de los estadounidenses blancos se ve influenciado por la raza de las personas pobres que viven a si alrededor: si sus vecinos son blancos se inclinan más a la generosidad que si sus vecinos son afro-americanos. A pesar de la desigualdad está disminuyendo entre todos los grupos étnicos (al mismo tiempo que ha aumentado entre las clases sociales), el legado de la división racial sigue socavando el apoyo para el bienestar social. En los estados con una alta proporción de  afro-americanos, los pagos para el bienestar son mucho menos generosos (una ilustración de la ley de atención inversa”).

 

Una explicación para esta situación excepcional norteamericana  es que el bienestar no se ve como un procedimiento que asegura a la propia familia contra la catástrofe, sino más bien como un pago a personas con las que uno tiene poca identidad compartida. De esta manera, la sociedad divide los grupos de los pobresen “dignos” e indignos”.

 

Una segunda diferencia es que los estadounidenses han sido mucho más
proclives que los europeos a atribuir la pobreza a la pereza en lugar de
a la
desgracia (una forma de culpar a la víctima). Si los ricos quieren ayudar a
los pobres se les insta a usar la filantropía, alentada por el sistema de exención de impuestos y facilitado por una cultura religiosa fuerte y la desconfianza hacia el Estado. Sin embargo, la donación voluntaria implica que los donantes pueden seleccionar a los beneficiarios de su generosidad, en lugar de dejar la elección a un sistema democrático. Más de un tercio del gasto social en los Estados Unidos proviene de donaciones voluntarias, mientras que en la Unión Europea anterior a 2004 este porcentaje fue de menos del 10 por cien.

 

Un tercer factor es la relativa ausencia de  un discurso compensatorio, lo que refleja la ausencia de una  izquierda política fuerte o de la voz de los sindicatos. El dominio afianzado de los dos partidos en el sistema político,  obstaculiza el desarrollo de la izquierda, mientras que la dispersión geográfica de la población durante el siglo 19 limitó la capacidad de un movimiento sindical nacional para organizarse. Los países industrializados con una mayor fracción de los trabajadores en los sindicatos, un indicador del poder de la izquierda política, invierten más en el bienestar social.

 

Entender de dónde viene el dinero es entender sólo la mitad de la visión del sistema del estado de bienestar. La principal diferencia entre los Estados Unidos y Europa recae en qué proporciona el Estado a los ricos. Es mucho menos en Estados Unidos que en Europa, en todas las áreas: educación, salud, paro. De media, los Estados Unidos invierten alrededor de 3.170 dólares (2.370 euros) por persona menos en relación a lo invertido por la Unión Europea anterior a 2004, teniendo en cuenta el ingreso nacional (cálculos del autor). En otras palabras, el estado no está para ayudar al rico y en muchos aspectos, está haciendo menos que nunca –por ejemplo, al reducir la financiación en las universidades públicas-. Por tanto, el estado no ofrece un sistema de seguridad mutua sino que proporciona una red básica de seguridad, aunque cada vez más escuálida. La ventaja del sistema americano, si uno es rico, es que paga mucho menos en impuestos. Aún más, el sistema está tan sesgado que un multimillonario pagará en proporción mucho menos impuestos que los trabajadores peor pagados. Por tanto, se podría decir que los pobres subvencionan a los ricos.

 

Por el contrario, en los países nórdicos, los impuestos son altos, pero a cambio los ricos obtienen un conjunto amplio, de prestaciones de alta calidad que son gratis o a un coste muy reducido, entre ellos: cuidado de niños, servicios de salud, servicios sociales y educación universitaria. Hay una compensación clara: pagas más impuestos, pero recibes más servicios (además de vivir en una sociedad más armoniosa y segura).

 

Para aquellos que quieren destruir el modelo europeo de bienestar social, la debilidad estructural del modelo de bienestar social de los Estados Unidos ofrece un modelo atractivo. En primer lugar, hay que crear un grupo identificable de pobres indignos. En segundo lugar, crear un sistema en el que los ricos perciban que la contrapartida que reciben del dinero de sus impuestos es pequeña. En tercer lugar, disminuir el papel de los sindicatos, haciendo ver que sólo se ocupan de los intereses de sus miembros en vez de reconocer, como es el caso, que las altas tasas de participación de los trabajadores en los sindicatos han beneficiado históricamente a la población general. Por último, tal como hizo Reagan cuando recortó el estado de bienestar en los 80, hacerlo de modo que llame la atención pública lo menos posible, poniendo en marcha políticas cuyas repercusiones sean poco claras y cuyos efectos sólo puedan verse en el futuro. Todas estas estrategias se están llevando a cabo actualmente en el Reino Unido.

 

Los periódicos, cuyos dueños son en la mayor parte de los casos multimillonarios, se encargan del primer paso. Cada día llenan sus páginas con cifras de personas que “maman del sistema”. Mediante la repetición continua consiguen nuevas asociaciones de palabras y están construyendo una nueva infla-clase. El estado del bienestar se asocia invariablemente con los gorrones. Los buscadores de asilo se asocian a lo fraudulento. Se acepta que hay un grupo de pobres dignos, cuya situación procede de una mala fortuna verdadera (donde parece que se excluye a los refugiados de guerra), pero cuando estos aparecen en la prensa es para denunciar que el estado les ha dejado de lado porque destina sus recursos a los indignos. Y existen evidencias crecientes de que esta dieta continua de odio tiene sus efectos.

 

Tal vilipendio de los pobres indignos no es nuevo. Lo que está cambiando en el Reino Unido es la progresiva exclusión de las clases medias del estado de bienestar a través de la erosión creciente de las prestaciones universales. Subyace una lógica atractiva pero que lleva a la división: ¿Por qué el Estado debe pagar por aquellos que pueden pagar ellos mismos? ¿Por qué la clase trabajadora debe pagar por los servicios para las clases medias? La crisis económica ha brindado al gobierno una oportunidad única. Tal como Noemí Klein ha descrito en muchas ocasiones, aquellos que se oponen al estado de bienestar nunca desperdician una buena crisis. El déficit debe reducirse y, por lo tanto, los servicios son eliminados uno a uno y los beneficiarios confrontados unos con otros, mientras que los intereses de la clase media por el estado de bienestar se marchitan.

 

El primer recorte fue la prestación universal por niño. Esta se pagaba a todas las madres, independientemente de su nivel de renta. Reconocía la importancia de los niños para la sociedad en conjunto, no sólo para la familia. Era además barato, fácil de administrar y libre de anomalías. El gobierno va a suprimir la prestación por niño a aquellas familias donde uno de sus miembros esté en el rango alto de pago de impuestos. Desde el principio se vio que esto podía dar problemas. Una familia con cuatro niños y dos personas que ganan un salario, cada uno de ellos ganando por debajo del rango alto de pago de impuestos, ganarían en total más de 84.950 libras por año, complementado con la prestación por niño de 3.146 libras. Otra familia similar pero con una sola persona que trabaja ganando un salario por encima del umbral de alto pago de impuestos con 42.475 libras al año no percibiría la prestación por niño. Si esta persona además fuera una viuda, también perdería las 5.077 libras de la indemnización por viudedad, que está vinculada a la prestación por niño, lo que daría como resultado una reducción de sus ingresos del 18%. Sólo un santo evitaría preguntar por qué pagan sus impuestos, en estas circunstancias.

 

El siguiente recorte fue la educación universitaria asequible. Este fue más difícil. En primer lugar, el gobierno tuvo que convencer de que la educación universitaria era un beneficio para la persona, no para la sociedad. Los graduados universitarios podían aspirar a ingresos más altos, por lo que tenían que pagar por el privilegio. La contribución que podrían hacer a la sociedad como médicos, maestros, trabajadores sociales u otras profesiones no contaba para nada. El gobierno defendió que la educación gratuita no era sostenible, y que el nuevo sistema educativo sería aún más caro cuando se pusiera en marcha. Se ha considerado que vale la pena pagar el precio de eliminar esta prestación universal. Por otra parte, los estudiantes que afrontan años de deuda personal saben que parte del dinero de sus matrículas sirve para becar a otros estudiantes más pobres. Es fácil entender que, mientras ellos luchan por pagar su deuda, también se pregunten por qué pagan impuestos.

 

Estos asaltos recientes a los programas universales no son más que el comienzo. Los ministros han dado a entender que ellos ven las vías de los trenes, que desde su privatización han requerido más subsidios públicos, como un juguete de ricos. Se nos alimenta con estadísticas que muestran que aquellos que viajan en tren tienen un nivel de renta por encima de la media, por lo que el precio de los billetes debe aumentar por encima de la inflación. Desde luego, la razón por la cual estos trenes privatizados son de lejos los más caros de Europa, no es que sus accionistas tengan grandes beneficios por lo que, en realidad, es un monopolio garantizado por el estado, sino las prácticas restrictivas de los sindicatos, lo que contribuye aún más a erosionar su apoyo. ¿Por qué el viajero corriente debe pagar impuestos para apoyar este personal indigno así como las tarifas crecientes del tren?

 

La Revisión Mirrlees sobre el sistema de impuestos, encargada por el Instituto de Estudios Fiscales, ha destacado algo que considera una anomalía, que es que muchas de los productos de necesidad cotidiana, como la comida, así como aquellos que hacen la vida un poco más civilizada, como los libros, están libres del IVA. Defienden que está política universal debe ser reconducida y, si ello generara pobreza, entonces los pobres (aunque no se les califica como indignos muchos lectores captan el mensaje) deberían recibir subsidios como ayuda. De nuevo, el comprador ordinario se preguntará por qué debe pagar impuestos.

 

El rumbo está ahora claro. Las clases medias se preguntarán más y más porqué están pagando a un sistema que les da tan poco. La idea de que el Estado es un sistema de seguros de quien recibirán prestaciones si las necesitan, está ya erosionada. Incluso la palabra “seguro” será eliminada en los planes de George Osborne para fusionar el seguro nacional con los impuestos. Habrá aún mayores reducciones en la financiación e inevitablemente en la calidad de los servicios que quedan que son utilizados por la clase media, como la educación secundaria y los servicios de salud, y se les persuadirá de que es mejor optar por servicios privados. Los servicios públicos serán entonces como los hospitales públicos en los Estados Unidos, servicios para los pobres. Como dice Richard Titmuss, “un servicio para los pobres” se convierte inevitablemente en un “pobre servicio”, cuando la clase media, políticamente activa, los abandone. Los cimientos ya se están poniendo en la atención sanitaria, donde el secretario de salud ha procurado rebajar su responsabilidad de mantener un sistema de salud amplio. En algún momento del futuro, cualquier protección residual desaparecerá, poniéndose en marcha consorcios, financiados desde presupuestos personalizados, que se convertirán en compañías aseguradoras, con todo tipo de medidas para limitar a quién se asegura y qué cubren.

 

¿Quién se beneficia de esta degradación progresiva del estado de bienestar? Obviamente, no las clases bajas. Pero tampoco las clases medias, ya que estos sistemas nuevos personalizados y complejos son más caros que los que existían previamente, a menudo de baja calidad e invariablemente más complicados. Los beneficiarios reales son los muy ricos, quienes no tienen que pagar más por servicios que de todas formas no usaban.

 

¿Permitirá la población británica que se desmantele el estado de bienestar? Aún no. Pero la situación puede cambiar fácilmente. La experiencia de los Estados Unidos muestra cómo, fácilmente, se puede persuadir a la gente de votar contra sus propios intereses económicos. Viendo la espantosa realidad que se nos echa encima, nos deberíamos plantear desafiar nuestra propia complacencia. En este sentido, podemos sólo tratar de emular el “espíritu de la Navidad que viene” en Carol Christmas de Dickens y esperar que tendremos el mismo resultado feliz.

 

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Es aterrador empezar a descubrir quienes son los mercados realmente. Todo el mundo sospechaba que tenían nombre y apellidos y desde luego los tienen. En España se llaman PP, Rajoy, Gonzalez Pons, Cospedal, Esperanza Aguirre…. Siempre negué el eslogan facilón de que “está gobernando la economía en vez de la política”; no ha sido nunca cierto, gobiernan las persona, no las ciencias abstractas,. Desde que se inventaron las democracias liberales, la mejor forma de gobierno que existe hasta ahora (porque permite la convivencia en libertad) ha habido derechas e izquierdas, capital y trabajo. Por mucho que ahora se desdibujen las clases sociales, más que nunca hay diferencias entre los ricos y los trabajadores que ahora somos clases medias (afortunadamente) donde entran desde los oficios clásicos, asalariados, autónomos o pequeños empresarios, es decir todos, menos los más ricos, todos menos el gran capital. Todos componemos la ciudadanía, pero creo que los derechos de ciudadanía interesan mucho más directamente a las clases medias o sea “a los de siempre” que ahora somos la mayoría, pero en cambio hemos perdido la conciencia de clase. El gran capital, los más ricos, tampoco pueden sobrevivir en un mundo insostenible como el que persiguen los mercados, la derecha, donde es evidente su fracaso en todos los planos de la sostenibilidad: economía, social y medioambiental. Pero están ciegos ante la avaricia cortoplacista, el nacionalismo excluyente, la fuerza del más rico.

 

En todo caso yo sostenía que no mandaba la economía, sino la ideología de derechas, conservadora, que había construido un relato convincente (hasta para la socialdemocracia) desde que Reagan y Thatcher lo inventaron y comenzaron a ganar poder a través de foros de conocimiento, medios de comunicación, universidades, gobiernos y ….mercados. La familia, la patria, las tradiciones, los “valores de siempre” son ahora su patrimonio. Se han apropiado del lenguaje de izquierdas, la austeridad, la defensa de los trabajadores, la honestidad, la igualdad de oportunidades. En demasiadas ocasiones la gente de iquierdas nos hemos tragado aquello del discurso único. Nos hemos tragado que las reglas de la economía eran inmutables, cuando no solo no lo eran, sino que son y siempre han sido unas reglas inexactas y que solo deberían servir a la mejor convivencia humana. Ahora voy más allá, los conservadores son directamente “los mercados”. Es como ETA brazo militar y político, todo es ETA. Pues derecha y mercados son también todo uno, son lo mismo. ¿Quien si no son los Merckel y Sarkosy sino fieles servidores de los mercados?

 

Estremece ver como cambian a Gobiernos democrática mente legítimos como el Griego, el Italiano, el Portugués y los sustituyen por banqueros. 

http://www.publico.es/internacional/406310/bruselas-coloca-a-dos-tecnocratas-para-pilotar-la-crisis-en-italia-y-grecia

"Tecnócratas"

Banqueros directamente implicados en el origen de la crisis: en el caso griego Papadimos, desde el Banco Central europeo admitió los datos falsos que el gobierno griego conservador presentó a Europa para entrar en el euro y todos los siguientes hasta que estalló la crisis; en el caso italiano Monti es un banquero de Golman Sachs directamente implicado en la estafa especuladora que originó la crisis financiera. 

 http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5hnc4F3RpZid3EUtOIDAjqzS4_nGQ?docId=CNG.84ce1c1b7eef2c11ecc3d08b249e5604.961

Perversión de la democracia

No se están conculcando las reglas democráticas, pero igual que Hitler accedió al poder a través de las urnas, ahora la derecha, los mercados se están apropiando de Europa , el único reducto del mundo con un sistema de protección de la ciudadanía, el Estado del Bienestar que garantiza límites de equidad sostenibles socialmente. El sistema que debería extenderse al resto del mundo y no al revés, desaparecer como quiere una derecha salvaje, enceguecida por su fracaso. No es un consuelo vislumbrar que el fracaso de estos mercados, de esta derecha, conduce directamente al abismo también pare ellos. Es evidente el fracaso tanto económico como social que azota Europa y profundiza la crisis global amenazando a todo el mundo occidental. Francia y Alemania no constituyen Europa ellos solos y sin Europa tampoco son nadie en un mundo global y sin reglas así que igualmente están abocados al fracaso, pero insisto, no es ningún consuelo.

 

El 20N tenemos elecciones en España y no es igual ni mucho menos que gane la izquierda o la derecha. Es cierto que la partida decisiva se juega en Europa, pero cada reducto que pierde la ciudadanía, es un paso que costará muchísimo recuperar. Cada paso atrás en el sistema de protección social, en la equidad, costará décadas recuperarlo en el mejor de los casos. Solo una ciudadanía concienciada de sus derechos puede hacer Europa, puede poner reglas al capital, a los mercados, a la derecha. Y no hay otro camino inventado en la actualidad que no sean las urnas. Solo los partidos de izquierdas pueden hacer frente al desastre. La partida se juega en Europa y España es más que nunca una Europa que puede decantarse para la ciudadanía o para los mercados. ¿Que elegimos?

 

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