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Archive for the ‘Feminismo’ Category

Se me ha armado un buen lío en el Facebook, porque he introducido la polémica publicada sobre el cuestionamiento de Woody Allen como depredador sexual, en el movimiento Metoo,. Es cierto que nunca ha sido condenado, pero no es menos cierta la misoginia de sus películas. Como alguno ya ha señalado, la misoginia no es un delito. No, no lo es, aún. Porque, es necesario ser caritativa e ir con prudencia, pero si alguien atenta contra la igualdad de hombres y mujeres hace mucho daño. Y si lo hace desde el arte penetra más profundamente, lo que hace su falta más grave. Y eso si que lo hace Woody Allen.

Tipos de masculinidad en la cultura popular contemporánea

El debate de cómo tienen que ser los hombres y las mujeres en la actualidad está claramente en auge. Surge en los medios de comunicación, las expresiones del arte, las redes sociales, las conversaciones….Muchas mujeres, se impacientan por la lentitud de los cambios, muchos hombres se encuentran desorientados, deprimidos, deslegitimados… Todo ello crea incertidumbre, malestar social, violencia, pero también la posibilidad y la esperanza de un gran cambio a una sociedad más pacifica, más dialogante, mas feliz. En España, el cambio para las mujeres (nuestra irrupción en la escena pública, nuestra libertad sexual) ha sido más rápida que en el resto de Europa, lo cual en cierto modo ha creado aún más esperanza en algunas personas y más resistencia a los cambios en otras, hombres y mujeres. Las opiniones se radicalizan, se dogmatizan, se enfrentan….Pero aún así, creo que  la atracción por el cambio, predomina e ilusiona a mucha gente.

Los estudios feministas han contribuido mucho  al análisis de las masculinidades. En realidad, aunque la situación social de las mujeres ha avanzado mucho con nuestra irrupción en el ámbito público, la consideración devaluada de lo femenino, “las otras” no ha cambiado, por lo que el estereotipo viril sigue vigente como la norma (aparentemente neutral) y obliga a los hombres a seguir demostrando su condición de machos reproductores, proveedores y detentadores de la violencia. Esta jerarquia de valores,  obliga también a las mujeres a adoptar esos roles, si quieren triunfar y a los hombres a continuar constreñidos a su modelo viril, como valor universal, impidiendo la deconstrucción de esa masculinidad del poder, como sí hemos hecho muchas mujeres deconstruyendo nuestra identidad femenina, aprehendida y elaborada históricamente como la diferencia. Las nuevas normas sociales más igualitarias requieren un nuevo proceso de construcción de la masculinidad, con nuevos símbolos y valores aún no bien definidos porque el estereotipo anterior de virilidad como reproductor sexual, proveedor social, agresivo y violento se resiste a desaparecer. Por lo tanto el sistema patriarcal sigue vigente con argumentos de esencialismo biologicista, religiosos y estéticos (basados en el romanticismo). Se necesita un discurso feminista que impregne la sociedad contra la desigualdad. Y una deconstrucción de la masculinidad hegemónica, que permita un nuevo modelo de hombres por la Igualdad. La presencia de mujeres en política u otros ámbitos de poder no es seguro que signifiquen un avance.

Las dificultades se visualizan en la historia reciente occidental, comprobando que tras la segunda guerra mundial se objetiva en EEUU, la crisis de masculinidad. Los estereotipos de la masculinidad hegemónica se orientan hacia otro hombre con mayor capacidad emocional para afrontar los cambios y a la vez surge un “malestar” por parte de todos aquellos que no son capaces de adaptarse, dando lugar a la crisis de la masculinidad, muy tomada en cuenta desde los 80 (Carrigan, Connell & Lee, 1985; Connell, 1995; Kimmel, 1996). Mediante el  sistema sexo/género de las teorías feministas, según el cual los hombres son  principalmente todo lo que no sea mujer,  lo cual requiere una demostración dado que no es un objeto coherente, los foros de debate se centran en los conceptos de lo femenino y lo masculino, basándose en 100 años de estudios multidisciplinarios (sociología, antropología, literatura, cultura y género) (Ward 1883; Mead 1935). La fase neoliberal capitalista de finales del s. XX, que pasa de hombres productores de bienes a la globalización del mercado con las corporaciones multinacionales, el surgimiento de nuevas identidades minoritarias subversivas del orden establecido (identidades sexuales, etnias, clases sociales, etc.) desorienta a los hombres, que no consiguen identificarse con nuevos modelos. No por eso la masculinidad pierde su status de privilegio, es que pierde el sentido de ser, porque lo cataloga como un bien de consumo (Jameson, 1991). De esa crisis surgen movimientos como el Mitopoético que reclama la vuelta al hombre primitivo en contacto con la naturaleza, la recuperación del poder masculino violento, mediante “hermandades de autoayuda” de ideología muy reaccionaria. La masculinidad hegemónica, aún intacta en la actualidad y que impide el surgimiento de nuevas masculinidades (aunque solo sea la flexibilización o suavización de algunos aspectos) es un producto de la cultura patriarcal que se basa en dos paradigmas: la heterosexualidad y la masculinidad hegemónica que organiza la sociedad en un sistema dicotómico (hombre/mujer; público/privado; dominador/dominada) y es un arma poderosa para la construcción de identidades individuales y sociales. La crisis de masculinidad por pérdida de hegemonía, que los hombres no saben gestionar, les hace caer en la violencia, la droga, el alcohol, el riesgo cada vez mayor (accidentes de trafico, de deportes y conductas de riesgo en general)  y determina, en parte importante,  la mayor mortalidad de hombres sobre mujeres. La epidemia de droga en EEUU y Canadá evidencia una crisis de masculinidad y lo mismo puede decirse en todos los países incluido en España, http://m.eldiario.es/279cc0bf_664584383. La heterosexualidad, cuestionada desde la aparición del sujeto homosexual a finales del s. XIX, recluido en guetos para autoprotegerse, representa igualmente una amenaza para lo que es ser hombre en el mundo actual. Las dificultades de los hombres para el cambio, una vez estudiadas se hacen evidentes. La hegemonía masculina se forma porque el varón “se hace” al romper el vínculo con la madre (Freud) inhibiendo en vez de expresando, cualidades humanas concretas (las emociones), especialmente el miedo. En su defensa, recurre a símbolos y rituales que legitimen su poder sobre las mujeres y sobre otros en pugna vital permanente. Una posición siempre competitiva, represora y frustrante (Pedro Palao y Olga Roig ,2004, la titularon “Del macho ibérico al metrosexual), pero que organiza la sociedad.

Según Burin y Meler, 2000, existen cuatro matrices de masculinidad:

1.- La autosuficiencia prestigiosa, ejemplo: “Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”, Nelson Mandela.

2.- La belicosidad heroica, sustentada por numerosos héroes tanto del deporte como de la literatura o el cine.

3.- El respeto a la jerarquía, contradictoria: según Freud, el poder del padre, que a su vez tiene que someterse a jerarquías superiores. Un ejemplo, fue la actitud del general  Gutiérrez Mellado en el 23F, que simplemente no podía comprender como se subvertía ese respeto a la autoridad. Autoridad que muchas veces se sustenta  en rituales de iniciación, repetitivos, con frecuencia violentos y humillantes de los que hay que salir airoso.

4.- La superioridad sobre las mujeres, la obligación de no aproximarse a ningún rasgo femenino contaminante, impuro. Esa superioridad les permite ser  controladores de la sexualidad femenina, constituyendo la sexualidad heteronormativa. En el trabajo de Luis Bonino, se señalan dos creencias existenciales de los hombres: la posesión de una identidad privilegiada y la de una esencia masculina que precisa demostrarse, lo cual constituye una paradoja y se evidencia en los rituales de hooligans, en el futbol, en proyectos de vida de los hombres mas ambiciosos que los de las mujeres, y muchas otras cuestiones. Todo ello dificulta el surgimiento de otras identidades puesto que la hegemónica necesita legitimarse permanentemente, reivindicando capacidades como la autoconfianza, la iniciativa, la habilidad para resolución de problemas,  la competencia, el afrontamiento de riesgos, la habilidad para permanecer impasible, o el sacrificio personal en tiempo de guerra, en contraposición a otras habilidades, como la capacidad del dialogo para la paz, la tolerancia, la empatía, la capacidad de admitir un error y rectificar, que son cualidades atribuidas a las mujeres. Sin este reparto de cualidades, roles o estereotipos, que no son sino atributos de los seres humanos, los hombres se preguntan ¿quiénes somos? ¿en qué nos diferenciamos de las mujeres? ¿Se ha caricaturizado la identidad masculina? (Bonino, 2000). La despersonalización, el sufrimiento de los hombres genera riesgos para la salud y la vida de toda la población, y, además, esos miedos no pueden expresarse.  Este imaginario colectivo de virilidad, limita la capacidad de amar, del reconocimiento del otro y de ser capaz para adoptar otro tipo de identidad más igualitario.

Sin embargo los valores democráticos que valoran más la inteligencia que la fuerza, están haciendo surgir movimientos de nuevas masculinidades como “hombres por la igualdad” que no necesiten definirse en función del dominio sobre otras personas. Una prueba importante en la jurisdicción internacional es palpable en la resolución de Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas “El papel de los hombres y niños en el logro de la igualdad de género” que fue presentado a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en marzo de 2004. Los conceptos de la teoría feminista Sexo/Género han sido extraordinariamente eficaces para resaltar que los roles, atributos y comportamientos de mujeres y hombres, el género, es variable, heterogéneo y diverso, porque dependen de factores eminentemente culturales. El sexo, como el cuerpo (Butler, 2001), si bien hace referencia a las diferencias fisiológicas de hombres y mujeres, es, del mismo modo que el género, una construcción cultural, y por lo tanto, socialmente elaborada otorgándosele en cada cultura distintos rasgos y características (Téllez, 2011).

Ya hemos dicho antes que es muy actual el debate de lo que significa ser hombre, su estética, su paternidad, su relación con mujeres. Los hombres se hacen conscientes de la valía del mundo de las  emociones y esto se refleja en los medios, la psiquiatría, los adolescentes. Pero el concepto de ser hombre es universal, aunque sin historia, sin discurso. Nunca se había dudado de lo que es ser hombre (también invisibilidad de ellos), puesto que los estudios del genero se referían a mujeres. Desde los 80, con la irrupción de las mujeres en la vida pública, surgen los estudios de masculinidades comprobándose que los códigos masculinos están obsoletos y ellos están desconcertados, algo que podría explicar  porque aumenta la violencia de género. Pero se necesita autocrítica y dialogo con las mujeres, con las minorías raciales, con los homosexuales…Hay que deconstruir y aportar desde la sociología, psicología, antropología, biología, el arte del cine y la literatura, los estudios de raza y de sexualidad. La universalidad del problema se evidencia en numerosos estudios: Michael Kimmel, sociólogo estudia los orígenes y evolución de masculinidades así como  David Gilmore, antropólogo, Krin Gabbard, Prof. de estudios  fílmicos y literarios y  David Leverenz. Todos ellos estudian la representación de las masculinidades en la literatura de EEUU, (Irving, Thoreau, Withman: homoerotismo y Hawthorne o Melville: individualismo). Carolyn Dinshaw profundiza en las  “Perspectivas Queer”. David L. Eng, queer, analiza las masculinidades según raza y  Linda Jones realiza estudios sobre códigos árabes preislámicos en el contexto de la España árabe medieval y la redefinición de masculinidad en Iraq, Irán, Palestina, Egipto, Afganistán, resultado de la colonización. Patricia Adair en “Biología y genero” valora la  interacción del ambiente y la sociedad en la genética, las múltiples formas de ser hombre o mujer. La psicóloga Lynne Segal  subraya  la preocupación de las feministas por la proliferación de estudios de masculinidades, pero  el postestructuralismo y las teorías queer prosiguen con el tema cuestionando las posiciones binarias tradicionales y las razones de la persistencia del falocentrismo.

El recorrido histórico (Leonor Acosta Bustamante) de el problema de las masculinidades en los últimos 30 años están recogidos en estudios sociológicos, psicológicos y antropológicos. Desde que en los 70, las feministas acuñaron el término constructivista de género, (que por tanto puede deconstruirse (Gender and Power, Robert W Connell, 1987), empieza a abordarse  el problema y de ahí arranca la comprensión de la crisis de identidad masculina enfrentada a la irrupción de las mujeres en el ámbito social público. La masculinidad es una conducta codificada por la sociedad, pero no esencial al cuerpo masculino. ¿Cómo se estructura? “La masculinidad a debate” de  Josep M. Armengol y Angels Carabí (2008) es un  compendio de los estudios “Constructing New Masculinities” 2003-6. A lo largo del libro se describe cronológicamente el desarrollo del debate, desde la deconstrucción de la esencia masculina con las aportaciones de sociólogos, psicólogos y antropólogos. El estudio del problema comienza a finales del s. XIX, en respuesta al movimiento sufragista y la desestabilización social, cultural y política que sufren los hombres por esta. Lester Frank Ward, EEUU (1843-1913), sociólogo combate las ideas deterministas biológicas emanadas por el Darwinismo social, que genera teorías androcéntricas. No desautoriza a Darwin sino que lo utiliza al contrario, para rechazar el inmovilismo de la diferencia de sexos biológica, considerando  que la condición humana puede dirigir la evolución para la mejora social y demostrando que la “androcracia” es un constructo social para dominar a las mujeres. Toda la primera mitad del s. XX constituye una lucha contra el determinismo: Mathilde Vaerting, feminista socióloga alemana: “The dominant sex. A study in the sociology  of Sex differentiation” (1921) y Margaret Mead, 1901-78, EEUU, antropóloga. En los 50 ocurre un retroceso porque se argumenta que el rol social, si bien es construido, lo es para beneficio social, libremente asumido por la/os dominada/os según Talcott Parsons (1902-79). La familia nuclear es la unidad funcional para el colonialismo y el “American Way ol Life” se difunde mediante la globalización (cultural y política) y hace surgir de rebote, la segunda ola feminista. Le siguen multitud de estudios como el de Connell que habla de  la masculinidad hegemónica (construida) que genera estándares impuestos para mantener las relaciones de poder y funciona como eje jerárquico, de la subordinación de los homosexuales y de las teorías queer. En contraposición surge el movimiento mitopoético de los años 90. “Iron John. A Book About Men” de Robert Bly (1990) que es una elegía a la masculinidad prepatriarcal, feudal,  perdida por los avances feministas. Utiliza figuras literarias para conformar técnicas de autoayuda para hombres incómodos socialmente, proponiendo la vuelta a el “hombre primitivo”, de las tres P: proveedor, protector, procreador. Se genera un activismo de terapias de grupo para recuperar la virilidad perdida, un movimiento asociativo y publicaciones que componen los “Men Studies”. En 1999 se estrena la película Fight Club, dirigida por el afamado David Fincher y basada en la novela de Chuck Palahniuk (1996).  La película encarna  el sueño del guerrero – Brad Pitt -, resistente al dolor y muy agresivo en el combate y que se apoya por tanto en el romanticismo/fascismo (que toma como base el Manifiesto de Marinetti, (Le Figaró,1909.) Es bastante sugerente, que sean estos antecedentes, estos modelos, los causantes  del surgimiento de los nacionalismos y fascismos que emergen actualmente en Europa.

Posteriormente surge la controversia con el feminismo de izquierdas y Michael Kimmel intenta un acercamiento de posturas difícil por confrontar  la autoafirmación individualista (Jung) y los movimientos de liberación de minorías identitarias (gays, negros), decididos al cambio social. El encuentro entre estudios de masculinidades y estudios culturales se produce en el s. XXI. Desde los 90 la masculinidad hegemónica de Connell, se expande a otras disciplinas y lugares geográficos: “Hegemonic Masculinity: Rethinking the Concept con James W. Messerschidt” en el que se objetivan aplicaciones a la educación, la sanidad, la criminología, la organización de recursos humanos, los medios de comunicación y los estudios sobre no violencia y mediación; los productos culturales se conforman como instrumentos ideológicos que provocan las diferencias entre personas; son creadores de códigos que negocian las estructuras ideológicas patriarcales y crean identidades que modulan las conductas humanas. En España nacen en los departamentos de Filología Inglesa universitarios, analizando toda la producción cultural: cine, literatura, arte, publicidad, literatura y medios de comunicación, con Angels Carabí, Barcelona, productora de abundante documentación sobre el estudio de masculinidades, que se extienden a la historia y la filosofía. La multidisciplinariedad, característica de los estudios feministas,  ha dado lugar a un volumen en la revista Prisma social, “Narraciones de masculinidades”, 2014, un escenario abierto para la discusión en red y para aunar sinergias positivas en los asuntos de género entre activistas, universidades y unidades de investigación, destacando la producción Latinoamericana, para abolir la desigualdad. La masculinidad en el cine refleja masculinidades tradicionales hasta los 80-90 en que se sexualiza, aparece el homosexual, las emociones, los espacios masculinos, …

En España la controversia sobre las masculinidades aparecen en el cine a partir del 2002 con ejemplos como Los lunes al sol: la impotencia de no ser proveedor de la familia, pérdida de la hegemonía masculina, las relaciones entre hombres, Una pistola en cada mano: los secretos de los matrimonios y como son los hombres y como los ven sus mujeres y Vivir es fácil con los ojos cerrados: la opresión del modelo social franquista en ambiente militar, la enseñanza alternativa, los modelos de opresión del profesorado, y arquetipos estigmatizados de la época como la soltera embarazada o el adolescente rebelde.

Otros aspectos culturales que consideran las masculinidades son Cultural Performances, de María Celeste Bianciotti. Las performances son una herramienta eficaz para deconstruir la normalización de las identidades femeninas, masculinas y en general culturales. Porque, un ritual cultural no es inamovible, puede cambiarse, puede combatirse, puede estudiarse su origen y se puede luchar contra la norma que lo configura. También son de utilidad para la investigación de cómo un ritual proviene de un mito que configura el objetivo de una norma. Una actividad performada es un ritual establecido por la norma cultural que es esperada, repetida; constituye un ritual propio de una identidad que a su vez la construye al repetirla.  Pero dado que se basa en una norma cultural y no esencial, puede cambiarse, criticarse incluso subvertirse. Por eso la cultura ha encontrado una forma práctica de denunciar estos rituales que configuran las identidades, realizando performances que ponen en evidencia y subvierten las normas culturales impuestas. Otra propuesta activista, la conforma el Proyecto de Timothy Garton Ash: es  importante  el lenguaje en la construcción de identidades preformadas por la cultura, y lo es especialmente con las nuevas tecnologías nos acercan a billones de personas. Su proyecto trata de mantener la libre expresión, pero regulándola para que se adecue a las opiniones universales. Para ello se ha hecho un gran estudio en 13 lenguas con religiosos, sociólogos, filósofos, activistas y periodistas del mundo que se coordina desde Oxford y allí han condensado los resultados obtenidos en 10 puntos, sujetos a debate de expertos, ciudadanos e internautas del mundo, de forma que alguna vez se pueda llegar a un acuerdo que proteja  a la comunidad de crimen, acosos y riesgos que supone la comunicación a nivel mundial. Todos los principios se refieren a cada uno de nosotros/as y están sustentados por estudios y debates abiertos a la contribución, incluso de traducción o interpretación. Creo que es un proyecto magnífico, inmensamente ambicioso,  para crear una ciudadanía global en el medio en el más nos expresamos en la actualidad, las nuevas tecnologías, mediante un lenguaje inclusivo. Y son ejemplos como este, individuales (otro es todo el trabajo de Miguel Lorente), otros provenientes de la marginalidad como los movimientos queer, las lesbianas, el movimiento LGTB,  la post-pornografia, el arte performativo y otros y las actividades y teorías provenientes de otras partes del mundo, las que tienen, en mi opinión, más capacidad para cambiar la masculinidad hegemónica del mundo occidental de patriarcado, de forma, que podamos avanzar a un mundo más igualitario, menos represivo de la sexualidad humana, menos agresivo y más libre.

Con el movimiento Metoo, el activismo femenino ha vuelto. Por cierto con la característica controversia entre EEUU y Europa – solo falta el resto del mundo –  y creo que de nuevo estamos en marcha. Con un mundo regido por machos alfa como Trump, Putin y demás, no es mala noticia!

 

 

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