Hoy sábado he tenido la mala idea de reponer la despensa familiar en el súper popular de mi pueblo. No me he dado cuenta de que además de ser primeros de mes, además de que los niños están de vacaciones, ha empezado el veraneo y mi tierra es de turismo nacional fundamentalmente.
Lo primero que me dio una idea de la mala idea fue que en parking apenas quedaban carritos de la compra, luego la cola ante el ascensor de entrada al súper, (un ascensor estropeado aumentaba el problema) y desde luego la plétora de niños correteando y gritando – como corresponde a un niño sano que se precie- alrededor de los adultos o en los carritos de la compra. Y la traca final la entrada en un recinto donde apenas se puede circular, algunos estantes vacíos con todo el personal sudando por rellenarlos y las largas colas ante las cajas.
Y ya armada de paciencia en la cola, me pongo a observar. Lo primero una pobre niña de no mas de 5 meses, puesta en un porta bebé del carrito, sin una mala sabanita que la proteja, un chupete colgando (y refrotándose con todo- porta bebe, carrito, manos de otros niños, de familiares, etc.), cinta con lazo a la cabeza, por supuesto pendientes, pulsera y calcetines y zapatos de plástico!!!!. No dudo que quieran a la niña, incluso le darán los biberones con agua mineral, pero no creo que una pobre niña de ningún otro país tenga que aguantar tantos perejiles, vejatorios, peligrosos y desde luego incómodos.
Y luego miro las caras y me quedo de piedra. La mayoría son mujeres de más de 40, vestidas de cualquier forma, con pelo en general sucio, muy poca peluquería y menos cuidado. No van maquilladas, llevan chanclas y sobre todo sus expresiones son….devastadoras. Mujeres vencidas (al menos de momento) por lo que significa montar la casa de veraneo, o de “vacaciones”, surtirla de comida, limpieza incluso de detalles hogareños, juguetes de playa, etc. Muchas estarán recién llegadas de viaje, todas llevan los niños colgados, y expresan cansancio, aburrimiento, desesperación, hartura de la vida y …resignación o determinación. Como Scarlett O’hara en lo que el viento se llevó, alguna tiene pintada en la cara: esta es la última vez que me pillan, pero toadas sabemos que ocurrirá todos los años, al menos hasta que los hijos crezcan. Y a todo esto ¿donde están los hombres? Vale, algunos puede que estén ayudando, pero la mayoría tomando una cervecita para estrenar las vacaciones como comprueba en el bar del centro comercial cuando voy a comprar el periódico. ¿Igualdad de género? ¡Vamos anda! ¡Pues no queda nada!
Y lo malo es que en gran medida las mujeres contribuimos a que se perpetúe el esquema, con la particularidad de que estamos tratando a nuestros hijos “en igualdad”. Si, en igualdad de que la madre se desloma y niños y niñas, jóvenes o adolescentes lo admiten como normal, y no pestañean. Hablando con algunas compañeras averiguo que en la mayoría de los casos, han recogido a sus hijos en las ciudades donde estudian, han transportado sus pertenencias y se dedican a ordenar las montañas de basura que los chavales han acumulado durante el curso y han decidido transportar al hogar paterno, por pura pereza mental de decidir si lo necesitan o no, si deben devolverlo a sus amigos, si simplemente es basura y desde luego, como es posible que almacenen tantísima morralla. Si han estudiado en casa da igual, para la madre empiezan “las vacaciones” y por supuesto la chavalería no tiene obligaciones. ¡Estamos locas! Luego queremos que nuestros hijos tengan capacidad de esfuerzo, o iniciativa para solucionar sus problemas incluso para buscar trabajo. Pero no han sido educados y menos acostumbrados a hacerlo. Y encima las chicas creen que la Igualdad de Género está implantad. ¡Lo siento mucho por ellas, pero no y se enteraran de golpe y porrazo por culpa de sus madres!
Leo en el periódico que se celebra en Isla Antilla el congreso de Nuevas Generaciones del PP. Y dice su presidenta que es intolerable que la gente joven no tenga trabajo y que las Administraciones andaluzas no hagan nada por remediarlo. No niego que las Administraciones sean responsables de impulsar el tejido productivo, pero mientras el espíritu sea “que me lo solucionen”, hay poco que hacer.
Tenemos una juventud bien formada, acostumbrada a tener derechos y pocas o ninguna obligación. Es cierto que la vida se encargará de sentarles las costuras, pero mientras las amas de casa sufrirán una situación de injusticia supina y a la gente joven se le caerá el mundo encima cuando intenten – porque quieran o no les quede mas remedio – salir a la vida real.
Y mientras tanto, creo que todas las leyes que intenten proteger a las mujeres incluso de sí mismas, como ocurrió con la Ley contra la Violencia de Género, simplemente son pocas. La sociedad necesita una reestructuración total, que reparte obligaciones y derechos, responsabilidades morales y relaciones mas equilibradas. Pero eso no se hace con leyes me temo.




