Reportaje del diario estadounidense que habla del trabajo del gobierno de España, “lider en energías renovables”, para construir una nueva Industria Limpia.
Reportaje de Anthoy Faiola
Una de las grandes cuestiones a la que se enfrentan los líderes mundiales que se reúnen esta semana en la cumbre económica de Pittsburgh es esta: ¿cómo comenzar a sustituir los millones de puestos de trabajo destruidos por la Gran Recesión, ahora que lo peor de la crisis ha pasado?
Aquí, en la soleada y ventosa Península Ibérica, España cree que tiene la respuesta: crear nuevos empleos y salvar la tierra al mismo tiempo.
Los empleos verdes se han convertido en un mantra para muchos gobiernos, incluido el de los Estados Unidos. Sin embargo, pocas naciones están mejor situadas y con mayor motivación para fusionar la lucha contra la recesión y el calentamiento global que España. El país ya es líder en combustibles renovables con 30.000 millones de dólares en subvenciones públicas y ha sido puesto por la Administración Obama, como modelo para la creación de una economía verde. España genera en torno al 24,5 por ciento de su electricidad a través de fuentes renovables, comparado con el 7 por ciento de Estados Unidos.
Pero con un desempleo de 18,5 por ciento, el gobierno está listo para dar un paso espectacular. Mediante la combinación de nuevas leyes y la inversión pública y privada, las autoridades estiman que se pueden crear un millón de puestos de trabajo “verdes” a lo largo de la próxima década. El plan aumentará la demanda interna de energía alternativa gracias a la ayuda gubernamental a la hora de pagar la factura, pero también obligará a millones de españoles a ser más ecológicos, les guste o no.
En el largo plazo, el gobierno prevé un nuevo ejército de ingenieros y técnicos para alimentar el parque eólico y las granjas solares en medio de los naranjales y campos de Andalucía y Galicia. En el corto, según fuentes oficiales- los proyectos de energía renovable y la renovación de edificios y casas de eficiencia energética podrían reasignar hasta un 80 por ciento de los millones de empleos de la construcción destruidos en 2008.
El ambicioso esfuerzo español es seguido de cerca por la administración Obama y otros gobiernos en la formación de sus propios planes de empleo verde. El proyecto de ley de estímulo norteamericano está dedicando miles de millones a subvenciones y prestamos, lo que marca un alejamiento del enfoque más pasivo de Washington que se basaba en gran medida de los incentivos fiscales.
Pero la idea para que los gobiernos asuman un papel cada vez mayor en la creación de empleo en el sector privado – que muchos líderes reunidos en Pittsburgh ven como su misión – también está llena de riesgos.
A pesar de las estimaciones del gobierno español sobre la generación de 200.000 empleos en el sector de la energía alternativa, casi el doble que en 2000, los críticos sostienen que va a costar mucho dinero a los contribuyentes.
En algunos casos, las buenas intenciones del ejecutivo han distorsionado el mercado de la energía.
Tomemos como ejemplo la reciente burbuja solar en España.
Aunque la energía eólica sigue siendo la energía alternativa dominante, en los últimos años el gobierno introdujo incentivos aún más generosos para favorecer el desarrollo de la energía fotovoltaica – una tecnología que células de calor solar para generar energía. Atraídos por la promesa de grandes subvenciones, las empresas de energía han construido paneles de silicona de plata en cantidades récord. Como resultado, las subvenciones del gobierno al sector pasaron de los 321 millones de dólares de 2007 a 1,6 mil millones en 2008.
Cuando el gobierno decidió frenar el exceso de producción y recortar los subsidios a finales del año pasado, se pinchó la burbuja solar, cayeron los precios del panel y se perdieron miles de puestos de trabajo, al menos de forma temporal.
“De lo que se habla ahora –la creación de un nuevo modelo económico sostenible a través de las energías limpias- va a ser exactamente lo contrario del desarrollo sostenible”, asegura el economista español Gabriel Calzada, crítico con la política gubernamental en materia energética. “Sólo va a crear más distorsión, más burbujas. No va a funcionar”.
Igual que la creación de Internet
En 2007, sólo una de cada 20 personas en edad de trabajar en las economías avanzadas se quedó sin trabajo. Para el próximo año –en el que el Fondo Monetario Internacional espera que el desempleo mundial toque techo- la cifra habrá pasado a uno de cada 10.
El mercado de trabajo es a menudo el último en recuperarse después de una recesión. Sin embargo, algunos economistas predicen años de estancamiento en la creación de empleo y en los salarios en los países desarrollados, incluyendo Estados Unidos, Gran Bretaña, Irlanda y España.
Al mismo tiempo, en un esfuerzo por detener el calentamiento global, los gobiernos están tratando de llegar a un acuerdo, antes de diciembre, para establecer nuevos recortes en la emisión de gases contaminantes en 2020. Una de las formas más claras para que las naciones cumplan esos objetivos, dicen los expertos, es a través de los proyectos de energía alternativa.
“Va a ser como la creación de Internet” –aseguró Carlos Mulas-Granados, director general de la Fundación Ideas, vinculada al partido del presidente español, José Luis Rodriguez Zapatero. “Vamos a hacer de la crisis una oportunidad para reconstruir la economía con un crecimiento limpio, verde”.
La inversión multimillonaria es un riesgo que España está decidida a tomar, porque, más que cualquier otro país afectado por la crisis, está desesperada por la creación de puestos de trabajo. La tasa de desempleo aquí es una de las más altas del mundo desarrollado.
Las calles de Madrid y otras ciudades están siendo levantadas y repavimentadas en un esfuerzo del ejecutivo para ofrecer, en el corto plazo, trabajo temporal a los desempleados. Para la mayoría, el trabajo tendrá una duración de sólo unos pocos meses.
“¿Y qué hacemos cuando se acabe el trabajo en el asfalto?” se pregunta José Luis Salazar García, de 32 años, mientras instala baldosas de terracota en una acera de Madrid, en uno de los empleos financiados por el gobierno. “No hay más trabajo en España”.
La respuesta es ser más verdes
España exporta ahora más molinos de viento y paneles solares que vino. Una armada de empresas españolas ha invertido fuerte en los Estados Unidos, comprando unas docenas de millas de Pittsburgh para convertirlas en un parque de turbinas eólicas.
Aunque todavía le faltan los últimos retoques para su presentación en el Parlamento el próximo mes, la nueva Ley española de Economía Sostenible exigirá una mayor demanda de energía renovable. Se requerirán mayores niveles de eficiencia energética a todas las nuevas construcciones residenciales y comerciales, incluyendo las fuentes solares, de forma que sus propietarios no tengan más remedio que adoptar hábitos verdes.
Prestamos avalados por el Gobierno a las empresas verdes, les permitirán ofrecer unas mejores condiciones económicas a propietarios y empresas para la instalación de la energía solar y otras energías alternativas.
¿Un salto en la factura energética?
Una planta solar de 300 millones de dólares, en el árido Puertollano, unos 100 kilómetros al sur de Madrid, en la tierra de Don Quijote de la Mancha, ofrece una visión de las esperanzas españolas. La asociación entre la empresa Iberdrola y una agencia nacional de energía, empleó en los últimos dos años a 650 trabajadores para levantar la planta. Fue como maná caído del cielo para una serie de empresas afectadas por la recesión. Por ejemplo, un fabricante de espejos retrovisores para coches que modificó sus líneas de montaje para producir paneles solares.
Pero un reciente estudio de Calzada – que ha sido criticado por los ecologistas españoles y extranjeros- sugiere que el coste medio para el Estado de crear un empleo alternativo puede alcanzar los 855.000 dólares. Destaca además que, aunque cientos de personas pueden encontrar empleo temporalmente en la construcción de plantas, el aumento del empleo permanente será mucho menor.
Como las plantas de energías alternativas son más caras que las térmicas tradicionales que queman combustibles fósiles, el gobierno español ha hecho rentable la generación verde prometiendo sustanciosos subsidios los años venideros. Aunque la mayor parte de los españoles han visto hasta ahora sólo pequeños incrementos en sus facturas de electricidad, hasta los responsables políticos están advirtiendo de un salto los próximos años a medida que los costes reales se trasladen a los consumidores.
Entre tanto, algunos distribuidores de electricidad españoles han convertido sus garantías públicas por precios de la electricidad inferiores a los costes reales en complejos instrumentos financieros y que luego vendieron al mejor postor de un modo similar al reempaquetamiento de las hipotecas basura en EEUU. Si el Gobierno no cumple con esas garantías, temen los críticos, las titulizaciones podrían devaluarse repentinamente, desplumando a los inversores que las poseen.
“Siempre habrá gente que diga que estamos haciendo esto o lo otro mal”, afirmó Ángel Torres, secretario general de Política Económica. “Pero la realidad es que el Gobierno precisa contribuir a la creación de una masa crítica de energía alternativa para que sea sostenible a largo plazo. Y eso es lo que está haciendo España”.